lunes, 19 de febrero de 2007

Sobre el Encontrar.
A propósito del
VII Encuentro de Lesbianas Feministas de América Latina y El Caribe.

Por Yuderkys Espinosa Miñoso
Buenos Aires, feb 2007

La palabra encontrar me gusta. No importa el contexto donde aparezca siempre trae consigo la idea de la acción, de un sujeto que diligentemente va por aquello que desea. Y así, se encuentra algo porque antes se ha buscado. Y así, aun cuando también a veces sucede la sorpresa: algo nace sin premeditación, justo cuando no buscábamos algo se muestra, aún así el encontrar no es un acto pasivo. Hay que tener los ojos bien abiertos, el corazón tibio, hacer espacio en el cajón del entendimiento. Se hace, entonces, visible lo que estaba oculto, ocurre la maravilla.

En mi experiencia el feminismo está inherentemente unido al encontrar. Me imagino por aquello de “traer el mundo al mundo” –como decían las italianas. Encontrar, hallar, descubrir como mecanismo por medio del cual una hace posible que algo acontezca, que cobre significado.

Encontrar también como sentido de apertura a lo nuevo, una disponibilidad activa a dejarse atravesar por lo otro que está ahí y que también reclama su lugar.

Supongo que de allí devino esto de los “Encuentros Feministas”; no congreso ni jornadas ni…; nada de eso: Encuentros. Ese sentido de atravesarnos, de tropezarnos. Colocarnos justo ahí donde la otra no puede sino vernos. Donde el yo de la una y de la otra confluyen y se re-conocen. Encontrarnos y hallar aquello que buscábamos y también, por qué no, lo que ni siquiera imaginábamos. Porque en el tropezar, en el encuentro con la otra siempre puede ocurrir la sorpresa, un nuevo nacimiento.

Y decir que en un Encuentro Feminista realmente nos hemos encontrado es aleccionador, gratificante, sorpresivo en nuestros días. En tiempos del ocaso del feminismo –al menos del que conocemos- más de un centenar de lesbianas feministas hemos inauditamente logrado encontrarnos. Encontrarnos con nuestras potencias, con nuestra creatividad, con nuestros sueños…con nosotras y con la otra. Así ha sido este encuentro y nos preguntamos cómo ha sido posible…permítanme contarles mi versión.

La comisión organizadora del VII Encuentro de Lesbianas Feministas celebrado en Chile, al igual que lo hiciera la comisión organizadora del VII Encuentro Feminista también celebrado en Chile en el ´96, convocó al encuentro desde la autonomía. Podríamos decir, sin embargo, que sin perder una visión crítica común, hay diferencias importantes entre estos dos encuentros.

En primer lugar, no podríamos obviar el texto y el contexto que separan un encuentro de otro. Nueve años de diferencia marcar una distancia importante entre el momento en que se celebra este encuentro y el anterior. El encuentro feminista celebrado en Cartagena a mediados de los 90´s marca el final de un momento caracterizado por la ilusión de una unidad de objetivos y saca a la luz de manera rotunda y dolorosa la escisión del movimiento. A casi una década, el VII Encuentro de Lesbianas Feministas ocurre en un contexto de hegemonía y sedimentación del feminismo de Estado y de la agenda supranacional, mejor conocido como feminismo institucional.

Las diferencias que marcan un encuentro y otro en este sentido son importantes. Porque por una parte, en este encuentro del 2007 ya no se trata prioritariamente de demarcar visiones, ni de denunciar o advertir lo que ya ha acontecido. Esa fue una tarea contundentemente llevada a cabo por el encuentro del ´96 y la contundencia fue de tal magnitud que no necesita ser recreada. Tampoco creo que estemos en la disposición ni los ánimos de hacerlo.

Mucha agua ha corrido desde aquel encuentro del ´96. Y hoy, desde la experiencia las mismas, ya no somos tales. Sobre los escombros de la batalla declarada se escribió la historia oficial del feminismo hegemónico y triunfante de la gran agenda internacional. Imposibilitadas de abandonar la lógica de la advertencia y del enfrentamiento las feministas que nos autoproclamamos formando parte de una corriente autónoma, hemos pasado de la fractura a la invisibilización, de la invisibilización al silencio. Silencio impuesto y luego elegido. Silencio, sin embargo, solo aparente.

Trabajando desde la frontera y desde el exilio, las autónomas hemos podido curarnos las heridas, remirar el mundo y remirarnos. Sin ostentación hemos podido reconsiderar ciertas prácticas auto destructivas, reflexionar sobre nuestras posturas, aprender desde la experiencia, desde el pecho doblegado, desde la absoluta soledad, viejas lecciones y máximas de las feministas que nos precedieron. Desde lo pequeño, a paso de hormiga hemos reafirmado nuestro lugar de adscripción autónoma y hemos ido aprendiendo a construirla. Como corriente no hegemónica hemos encontrado en la producción de pensamiento y en el arte espacios de construcción de otros simbólicos que nos retan, nos superan y nos transgreden.

Las autónomas de hoy no somos las mismas de ayer, y por suerte. Ideas claves nos anclan pero el camino transitado nos mejora y fortalece. Años tuvieron que pasar para reencontrarnos desde este otro lugar. Y desde este otro lugar otras muchas nos salen al encuentro y nos muestran que nuestro accionar no ha sido en vano. No es casual que sea otra vez en Chile donde podamos hacer el balance. Feministas pioneras e incansables han articulado desde allí una propuesta, han sembrado la semilla y la han regado cada día. Quizás sin ser exactamente lo que ella esperaba –nuestras acciones nunca generan fielmente aquello que pretendíamos- Margarita Pisano, y su Movimiento Rebelde del Afuera, ha dejado su rastro en Chile. Gracias a ella otras hemos podido ser escuchadas. Desde el respeto, desde el reconocimiento de una herencia histórica, pero transitando el propio camino, un nutrido, trasgresor y productivo movimiento de feministas lesbianas jóvenes chilenas, nucleado entorno al Bloque Lésbico –confluencia de diversos grupos de lesbianas- ha estado en condiciones de producir encuentro, poniendo en acto el más original sentido de la autonomía. Y nos deja una lección que vale para todas.

Si la palabra autonomía ha parecido en algún momento difícil de ser asida, si atacada por la institucionalidad parecía entrar en un punto de inacción y aparecía vaciada de significado, este VII encuentro la pone a punto. Porque lo que allí vivimos las más de 100 lesbianas feministas congregadas solo tiene un nombre, no hay posibilidad de la confusión. Escrito está en nuestros cuerpos y en nuestro simbólico. Esta allí no para algunas elegidas sino para todas. Y a quien vuelva a preguntar a qué nos referimos que abra bien los oídos, bien los ojos y se ponga en disposición de dejar surgir lo nuevo, lo que está fuera de este mundo.

Si algo me queda claro de este encuentro es la necesidad de persistir en la insolencia, hacer de nuestra existencia un arte de la perturbación cotidiana y pequeña, incómoda a los intentos integracionistas. Si hasta ahora nuestro accionar se ha concentrado en marcar límites –“mi cuerpo es mío”, “cuando una mujer dice no es no”, “no más violencia hacia las mujeres”-, ¿cómo sería centrarnos en la producción de nuevos deseos, nuevos imaginarios, nuevas formas de experimentar lo bello? La apuesta y el reto que nos deja este encuentro es que es desde ahí, desde la construcción, desde el deseo, desde la disposición al encuentro con la otra que podemos hacer de la frontera un lugar habitable, una invitación de acogida para cada una. Persistir en la insolencia es pasar del no reactivo, en que nos hemos movido durante estos años, al sí creativo que nos abre al mundo todo, a la experiencia toda. Sin permiso e insolentemente reencontrarnos con nuestra potencia y pasar de reproductoras a productoras de cultura, desafiando los límites del pensar, la ceguera de la política de lo posible en la que se halla inmerso el feminismo hegemónico.

Lejos queda la idea que iguala autonomía a libertad de acción. La libertad es imposible dentro de los límites de la macro cultura patriarcal. El ser libre se construye día a día, en la rebeldía, en el cuestionamiento a todo, en la irreverencia. El ser libre persiste a todo intento de mediación, su fin no es caber en lo instituido más bien la instauración de lo nuevo, lo que no cabe o lo que escapa a nuestra comprensión y por tanto, todavía, a la lógica de la opresión.

Agradecida, encontrada, aun desde la embriaguez producida por estos días de producción de utopía, escribo.

Yuderkys Espinosa Miñoso
treintay2@yahoo.com

VII ENCUENTRO LESBICO FEMINISTA LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE, AUTONOMÍA Y RACISMO

Norma Mogrovejo

Del 7 al 11 de febrero nos reunimos aproximadamente 200 lesbianas en el VII Encuentro lésbico feminista latinoamericano y caribeño, organizado por la Ekipa una comisión de aproximadamente 26 integrantes y 9 voluntarias conformado por el Bloque Lésbico y -las denominadas- lesbianas sueltas (las que no pertenecen a una organización), quienes empezaron a trabajar desde que recibieron la sede en el anterior Encuentro de México (Noviembre de 2004). A diferencia de otros Encuentros, esta comisión mostró solidez en su articulación aún cuando gran parte de las integrantes eran jóvenes; la administración de los recursos permitió amplia participación de lesbianas becadas y costos accesibles para las chilenas, así como consideraciones especiales para quienes no pudieron cubrirlos. La organización fue asombrosamente impecable. La sede del encuentro, acertadamente elegida, tuvo lugar en el Centro Cultural San José, antiguamente hospital, hoy monumento histórico, con amplios espacios abiertos que permitieron confluencia, encuentros y comunicación no sólo en las plenarias, talleres, tiempo de café, almuerzos y en todos los momentos cotidianos del Encuentro. Como el hotel se encontraba a considerable distancia, posibilitó que las asistentes nos concentráramos en las actividades programadas y espontáneas, no estaba cerca la camita para descansar o retozar, así los horarios y actividades nos impusieron una dinámica si bien escolástica, un ritmo que día a día nos energetizaba, levantarnos 7 de la mañana, salir del hotel entre 9 y 10, inicio de actividades 10:30 y regresábamos al hotel entre 22:00 y 24:30 hrs., un tren de trabajo que recordaba mi época de scout.

LOS EJES TEMATICOS
La autonomía, como lo expresaba el lema, desde una rebeldía cómplice fue el eje transversal que surcó cada una de las discusiones, lo que permitió profundizar en la problemática lésbica ligada a una realidad política, económica y social latinoamericana. Tres ejes temáticos organizaron la discusión del Encuentro:
I.- Historia del movimiento lésbico-feminista Latinoamericano y del Caribe, permitió una relectura tanto de las organizaciones, acciones conjuntas y encuentros; una historia que es necesario revisar cuantas veces sea necesario para repensar el presente y el futuro: las difíciles relaciones con el movimiento feminista y su perspectiva heterocentrista, con el Estado que impulsa la instalación de un neoliberalismo en condiciones desventajosas para la región, las ONG y sobre todo, las relaciones internas entre las diversas corrientes lesbofeministas y las formas en que éstas se han desenvuelto analizadas como un auto boicot.
Destacó el cuestionamiento al uso del lenguaje, expresado aún sin darnos cuenta, como un discurso racista al denominar circunstancias históricas con referencias al color negro u oscuro en referencia a situaciones negativas.
II.- Viejos y nuevos feminismos: de la Teoría a la Acción, cuestionó la relación entre las teorías y las estrategias para la acción (como el caso del matrimonio lésbico), los aliados, la relación entre la tecnología del género y el feminismo en el proceso de globalización, así como la necesidad de repensar nuestras demandas lésbicas como feministas.
III.- Rebeldías y Complicidades del movimiento, desde el sabor de un café colombiano se planteó la urgente necesidad de corporeizar el feminismo desde la acción y el sentimiento, la pregunta ¿cómo hacer cuerpo de la teoría? encontró respuesta en la experiencia de algunos grupos que desde la autogestión pudieron llevar a la práctica la generación de espacios desde donde experimentar un lesbofeminismo posible y deseado.
Acompañaron a estos ejes de discusión una variedad de talleres, muestras de videos, expresiones artísticas, venta de libros, artesanías y música que alimentaron no sólo la discusión, también la interrelación y otras formas de comunicación.



LA MARCHA
Como parte de la programación, la Ekipa en su visión política de intervención, organizó una de las más importantes acciones políticas que trascenderán en la vida cotidiana no solo de la capital chilena. Aproximadamente trescientas lesbianas el 9 de febrero, salimos a marchar por las calles de Santiago con pancartas expresando nuestra existencia lésbica junto a otras identidades:
Soy latina, soy lesbiana. Soy artista, soy lesbiana. Soy humana, soy lesbiana. Sau brasilera sau zapatao. Soy rebelde y mi causa es lesbiana. Mis ideas para hacer justicia y cuerpo para amar a otra mujer. Insurgencia sexual. Somos malas podemos ser peores. Soy lesbiana lesbiana lesbiana lesbiana lesbiana.
Primera parada, el monumento a Gabriela Mistral, poeta chilena, (presumiblemente) lesbiana, inspiradora de muchas mujeres latinoamericanas, lectura de un manifiesto y las consignas se dejaron oír: Si Gabriela viviera, con nosotras estuviera; si Gabriela viviera, con nosotras se viniera.
La lesbian banda argentina junto con la batucada brasileña abrió la marcha. Ante la mirada atónita de lxs chilenxs ensayamos decenas de consignas, canciones, besos, abrazos, danzas. Mantas y carteles daban cuenta incluso de la especificidad de expresiones políticas: Pinochet genocida, Fujimori extradición, no al femicidio, no al heterocentrismo.
Segunda parada, ingreso al centro histórico, intervención política: besos y más besos. Un comando sacó un tarro de pintura de aceite y en un círculo selló junto a los pies de una lesbiana la denominación que dejará huella en las calles chilenas, aquí estuvimos, por aquí pasamos: lesbiana.
Tercera parada: La plaza de armas, un acto central, la lectura de un documento que poéticamente reivindicaba las palabras usadas en la denigración de mujeres lesbianas, la apropiación del lenguaje desde el orgullo y como cada 19 de mes, el grupo Memoria Feminista encendió fuego a las palabras no más violencia hacia las mujeres que fueron escritas en el piso, y al tiempo que se consumían, coreadas por la marcha. Consignas, cantos, besos y más besos, esta lucha es de amor.
Por la noche regresamos al Centro Cultural a disfrutar de una programación artística: Gabriela Robledo en poesía, Silvia Palumbo, Julieta Paredes y Fortunata con un maravilloso concierto musical.

VILLA GRIMALDI
Aún llenas de energía por la marcha del día anterior, el sábado 10 de febrero, fuimos sacudidas en lo más profundo de nuestras emociones por el impacto que el centro clandestino de detención, tortura y exterminio de la dictadura de Pinochet, Villa Grimaldi, causó en nuestra conciencia histórica. Hoy dirigido por los propios sobrevivientes, convertido en museo por la paz y memoria, Villa Grimaldi nos recuerda los hechos más atroces que cometió la dictadura pinochetista, para que no se olvide y no se repita.
Labrada por la memoria del exterminio, tuve la oportunidad de conversar con Claudia Acevedo de Guatemala y Mercedes Cruz, mi paisana, de Perú, países que también han sufrido procesos dolorosos de persecución política, desapariciones y exterminio. Ambas experiencias daban cuenta que a diferencia de Chile, poco se ha hecho por preservar aquella memoria, debido principalmente a que el exterminio estuvo dirigido a indígenas, traduciéndose en etnocidio. Este silencio, muestra del racismo instalado en las venas más profundas de nuestra sociedad latinoamericana, es aún una deuda que debe ser repuesta.
La Villa, con todas sus emociones, también nos permitió disfrutar de un concierto de nuestra kerida Ochy Curiel y de danzas africanas de Arienne Celestino de Brasil.

LA PLENARIA FINAL Y LOS ACUERDOS
Aún soñolientas debido a la fiesta de la noche anterior, encontramos con sorpresa a la entrada del Centro, graffitis que nos advertían de la invisibilidad que las indígenas habían sentido en el Encuentro. Un momento de tensión hizo presentir la posible ruptura. Una previa muestra de fotos durante la fiesta, de algunas escenas del Encuentro, en la que no se encontraron reflejados muchos rostros no necesariamente podía ser muestra de discriminación y así lo entendieron las compañeras indígenas y Julieta Paredes luego de recordar que el racismo inexorablemente da privilegios, en un acto de madurez se disculpó por los graffitis, cerrándose el eslabón que estuvo a punto de romperse.

Momento propicio para que Arienne, propusiera que uno de los principales ejes del próximo encuentro fuera el racismo.

Y cuando creíamos que lográbamos un final con saldo limpio, una intervención performática producto de uno de los talleres irrumpió la plenaria con un acto alusivo a la violencia, todas fuimos sacudidas porque el Encuentro había logrado superar la historia de desconfianzas y rupturas, y la circunstancia fue vivida como un exceso innecesario, una intrusión sin visión ni tacto. Aunque seguramente no fue el único acto de provocación en el Encuentro, muchas preferimos caer en los brazos y cuerpos amorosos de nuestras compañeras antes que la violencia. Fue difícil retomar la calma pero un ritual que invocaba a las orishas ayudó a retomar las discusiones.

Y aunque con un poco de trabajo, pudimos consensar la celebración del 13 de octubre como el Día de las Rebeldías Lesbianas Feministas de Latinoamérica y el Caribe con una marcha como expresión de visibilidad ligado a espacios de reflexión para no convertir al acto político en un simple carnaval comercial. Fecha elegida en conmemoración al I Encuentro Lésbico-Feminista en 1987 en México.

Con beneplácito el grupo Lesbiradas de Guatemala aceptó el reto de organizar el próximo encuentro en una conexión centroamericana con el apoyo de Nicaragua y la región Mesoamericana. El ambiente se hizo propicio y junto a la intensidad de emociones, la Ekipa entregó en las manos de la compañera guatemalteca la pócima que mantuvo esa espiritualidad y que fue vertida por todos los rincones donde cada una de nosotras pudo estar.
Al final de la plenaria, Ximena Riffo, quién en la última fiesta junto a la algarabía donde muchas nos quitamos camisetas y sostenes, descubrió sólo uno de sus senos, hizo la siguiente propuesta:
"La tradición minoica llevó a las lesbianas de Lesbos a caminar por las calles con sus senos descubiertos. Propongo a las que lo deseen, encontrarnos el próximo Encuentro con un seno al aire, como un acto político de apropiación de nuestros propios cuerpos, a resignificar una visualidad estética lésbica”.
¡¡ CON LA FUERZA DE LA REBELDIA, PENSANDO LA AUTONOMIA!!
¡¡A VIVIR LA VIDA CON EL CUERPO Y EL ALMA, LO MEJOR POSIBLE!!

EL POST ENCUENTRO

En una propuesta autogestiva, 30 de las asistentas organizamos una visita a Isla Negra, Viña del Mar y Valparaíso, el viaje estuvo lleno humor, deconstruyendo todas las formalidades que el encuentro pudo tener, con contrapropuestas y desatinos.
El martes 13 fue un día especial, convocadas por el grupo Memoria Feminista asistimos a un acto político: funar (escrachar, delatar) a un asesino de su hija de 5 años y casi homicida de su esposa que, pese a la gravedad de los hechos, pedía libertad condicional, lo que ponía en grave riesgo la seguridad de la víctima. Temerosas de que la solicitud fuera concedida, con pancartas y consignas recordamos al juez, el fiscal, lxs abogados y asistentes “quién ama, no mata, no humilla ni maltrata”. Satisfechas porque la libertad condicional fue denegada, salimos tras el abogado defensor recordándole que defender a un asesino de mujeres tiene una grave complicidad. De regreso al metro, convertido nuestro contingente en otra marcha en contra a la violencia hacia las mujeres, la vida nos puso en el camino al juez (Alfredo Morgado) que quitó la tuición a Karen Atala por declarar ser lesbiana y vivir con su pareja. Encuentro que permitió funarlo por lesbofóbico.

Desde el inicio hasta la partida, en cada instante, el Encuentro nos posibilitó experimentar sentimientos de intensidad colectiva, donde los fines comunes eclosionaban en acciones conjuntas. Tarea que llevamos a nuestros lugares para traducirlos en hechos corporeizados de lesbofeminismo. No puedo dejar de agradecer a la Ekipa por su esfuerzo y visión política.
Cada acto de protesta, cada acción política, cada beso público escribe la huella de las lesbianas en la historia de nuestros países.

México D.F., febrero del 2007.