Por Susana Opazo
El séptimo encuentro lésbico feminista de Latinoamérica y el caribe será recordado primordialmente por los elementos simbólicos que lo conformaron, impactando y emocionando, hasta lo más profundo, a la mayor parte de las asistentes. Así, la marcha lésbica, la visita al ex centro de tortura Villa Grimaldi y la fiesta de las tetas al aire conforman el repertorio de imágenes más comentadas del ELFLAC. Sin embargo, un encuentro lésbico feminista se justifica solo si trasciende el mero acto performativo y logra configurarse como un epicentro donde confluyen las distintas especificidades ideológicas, apuestas teóricas y propuestas políticas, las que al exponerse y confrontarse públicamente nutren y le dan movimiento al movimiento.
Otra de las características destacadas del evento es el recambio generacional, que lleva, por ejemplo, a Ochy Curiel y Yuderkys Espinosa, a resaltar la notable renovación del movimiento y de la autonomía, mujeres jóvenes organizan el encuentro, caras y voces nuevas exponen. Nosotras, las del Afuera, sospechamos de la renovación del movimiento lésbico feminista, especialmente en el contexto sociopolítico en el que nos encontramos, donde la renovación de las izquierdas y la renovación del capitalismo ha dado lugar por supuesto a la renovación de las prácticas políticas y de lo político, renovación que implica un giro de racionalidad que ya no persigue lo deseable y se conforma con lo posible, que cambia la confrontación ideológica y busca el consenso y que abandona los discursos sustantivos, para operar con slogans que actúan como imágenes llamativas y seductoras que distraen la mirada de las cuestiones de fondo. Nosotras rechazamos la idea de una renovación necesaria o deseable y buscamos construir una continuidad histórica que hace trascender las insolencias de que hicieron gala las mujeres que sin autocomplacencia ni concesiones con el sistema, contribuyeron a radicalizar y profundizar las políticas feministas.
Es por esto que la puesta en escena de las tetas al aire en una catarsis de la feminidad no tiene valor, por el contrario, es funcional al sistema, si no es antecedida por una reflexión profunda sobre la explotación, exposición y cosificación de los cuerpos de las mujeres; y es por esto que la reflexión sobre la construcción y deconstrucción de la feminidad es fundamental en tanto nos encontremos con un GRAN salón de talleres llamado "Sala de las Emociones" en el centro del sitio donde se realiza un encuentro político entre mujeres, mientras la "Sala del Pensamiento" sea una salita sórdida, pequeña, escondida y maltrecha a la que la política feminista tiene difícil acceso. Vale también, por supuesto, pensar y repensar el uso de las calles como lugar político, pues hoy han dejado de configurarse como espacio público, vale también cuestionar al gran NO inscrito por las asistentes a la marcha lésbica, pues ese NO es la consigna o el síntoma de una política reaccionaria que no hace más que expresar una política negativa que repudia los efectos del patriarcado, pero que no mella el sistema, por el contrario, el sistema pone a la policía a cuidar a las activistas precisamente porque éstas no presentan peligro alguno para él. Llegará la hora de que el movimiento, si tiene pretensiones transformadoras, se arriesgue a demarcar un gran SI en los espacios públicos, privados e íntimos, SI, que contenga y afirme una propuesta política, ética y estética, que haga posible un cambio profundo.
sábado, 28 de abril de 2007
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